Concierto para cuñados.

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Si hay algo que no consigo sacar de mi vida, y la verdad es que ni me planteo el hacerlo, es la música. He tenido la inmensa fortuna de dar con un cuñado al que le apasiona, no cuesta nada embarcarlo en cualquier concierto sea de lo que sea, tanto si lo ha oído antes como si no. Y esta combinación tenía que dar como resultado una noche mágica.

El catalizador escogido fue un grupo pequeño, con un único disco en el mercado y que descubrí de casualidad hace un tiempo gracias a mi amiga la radio y a una de esas personas que si jugara a un trivial musical destrozaría a cualquiera, Santiago Alcanda y su maravilloso programa “Como lo oyes”. Morgan se llaman. Desde el primer momento en el los escuché me quedé prendado de la personalidad de su música. Lo primero que enamora es la voz de Nina, una voz dulce en ocasiones, rasgada en otras pero siempre cálida y potente. Pero una vez pasas el primer impacto de esa voz tan hechizante llegas a un sonido muy bueno, buenísimo, en el que todos los elementos suenan a la perfección; una guitarra que aparece dando unas pinceladas especiales a cada canción, un bajo y una batería que te llevan a bailar con cada golpe de ritmo y un teclado que aporta el estilo total al sonido de la banda.

El local también jugaba un papel importante y, para nuestra fortuna, el lugar donde iban a sonar Morgan era la sala Loco Club, un local pequeño de esos que siguen poniendo buena música y en los que llegas a echar de menos el humo que inundaba esos sitios en los que has vivido tantos buenos momentos.

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Con todos los elementos en la coctelera sólo había que agitarla lo suficiente para que surgiera la magia. Y el primer meneo fue directamente a ritmo de Morgan, nada de teloneros ni de banda acompañante, un acorde de guitarra y la voz de Nina abriendo fuego. Y poco a poco el pequeño grupo de fieles que se habían congregado comenzó a acompañar los estribillos, a moverse al ritmo que la batería y el bajo marcaban y a entrar en trance con cada solo de guitarra.

Nina como frontwoman tiene mucho margen de mejora pero el carisma que desprende es innegable. Las pausas entre cada tema las iba llenando con solvencia, para mi gusto de menos a más, acabando el concierto dejando a todos con ganas de más. Y entre canción y canción se iba pasando North, dejándonos con las palmas de las manos rotas pidiendo que el concierto siguiera un poco más.


IMG-20171126-WA0018Nos quedamos en la sala, tomando una cerveza y escuchando un poco más de música, y al salir vimos el cartel que anunciaba el concierto. El conserje/portero nos dijo que lo cogiéramos y que si volvíamos dentro no tardarían en salir los miembros de la banda a firmar discos. No lo dejamos ni acabar al pobre, nos giramos y volvimos dentro. Al volver a la sala, efectivamente estaban todos atendiendo a la gente que se arremolinaba para que le firmaran el CD o simplemente para saludar. Cogimos otra cerveza y nos acercamos con nuestro botín. Saludamos al bajista (Alejandro), que estaba un poco aburrido en ese momento y nos atendió encantado del interés que mostramos en su música. Al momento se acercó el guitarra, Paco, y tras un apretón de manos firmó sobre su foto en el cartel. No tardó en asomarse Nina y tras una breve conversación, firmó y le pasó el cartel a Ekain, el batería. Fotos de rigor con todos y una sonrisa de oreja a oreja que nos acompañó lo que quedaba de noche.

Echamos en falta alguna versión para completar el setlist pero nada reprochable a lo que dieron sobre el escenario. Como cantan ellos, tendremos que volver.

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10 de julio

La semana empezaba igual que todas, mismas rutinas y mismas costumbres mezclándose sin poder distinguirse. El paseo hasta el coche de empresa era rápido, con prisa por empezar la jornada y con prisa para encender el aire acondicionado y librarse del calor que ya se asomaba a las calles con fuerza. Mañana de rutinas que incluía arrancar el coche y sintonizar Melodía FM en el mismo gesto, como venía siendo habitual en los últimos años.

Había costado encontrar un programa a esas horas que me enganchara, algo alejado de los mornings habituales, con algo de información y de opinión pero que no fuera el punto sobre el que girara todo. Desde que Gomaespuma se despidió de las mañanas y que Pablo Motos se pasara a la tele, lo único que oía con cierta asiduidad era el programa de Radio 3 y mi interminable lista de reproducción. Entonces me enteré que Nuria Roca volvía a la radio, a hacer un morning llevando ella las riendas y me dispuse a ver que tal podía estar.

Al principio me costó un poco, no voy a negarlo, y fui saltando de su programa a Radio 3 y a mi lista. Poco a poco me fui familiarizando con los presentadores, con las secciones, con todos los colaboradores que iban pasando y que convertían esas cuatro horas de radio en un divertido e interesante batiburrillo en el que cabía la actualidad y muchísimo humor. Esos desconocidos poco a poco se habían metido en mi vida y eran una parte importante de mis mañanas.

Los miembros del equipo, todos unos desconocidos o casi, empezaron a ser colegas. Las burradas de Nacho, las historias de Berni y Sara, el gran Juan Delval al que había leído y poco más y resultó ser un comunicador increíble… y Nuria, que la tengo muy vista y muy oída desde que empezó en Canal 9 en los informativos y después presentando mil programas e incluso ejerciendo de actriz, y aún así me sorprendió cargando con el programa desde el primer momento, lanzándolo y dejando después que fuesen el resto de los compañeros de esa mesa increíble los que acabaran de llevar el show a buen puerto.

Y entre risas y cosas serias llegó junio de 2017 y leí de refilón la noticia de que el programa no continuaba, que se había cubierto un ciclo, que nuevos proyectos… Al principio pensaba que simplemente cambiaría la dirección de Nuria por la de Juan y Nuria volvería a la tele pero no, los rumores pasaban a confirmarse y el programa desaparecía.

Durante unas semanas de ver especulaciones y opiniones por todos los lados, escuché que la cadena había decidido cancelar el programa. Obviamente no debía de ser por los datos de audiencia porque eran cada vez mejores pero esos motivos o no salieron a la luz o yo no los escuché. Y entre mucha lágrima, contenida o no, y mucho buen rollo el programa echó el cierre y me dejó sin mis amigos de la radio.

Durante el verano apenas se ha notado, unas vacaciones largas, pero ahora que todos los programas están volviendo… se nota el vacío. Melodía FM ha desaparecido de las emisoras sintonizadas porque para escuchar música tengo mi lista y Radio 3 (bendito seas Santi Alcanda). Me falta un curso para insultar, Berni echando la tarde con la letra C, Juan y sus noticias, qué hay de lo nuestro Sara Ramos?, las ideas para mejorar el mundo, Rocío probando cosas raras, un bueno un malo y un tolay, un hermano mayor y uno mediano… me falta Lo mejor que te puede pasar… aunque ahí afuera hay mucho más.

Don Manuel

Hoy he recibido una llamada muy temprano. Una de esas llamadas que no esperas, un viejo amigo al que hace tiempo que no ves pero que lo llevas tan dentro que nunca se va del todo. Nada más descolgar ya sabes que hoy no te llaman para quedar a comer ni para organizar una cena de amigos. Hoy han incinerado a su padre.

Te quedas sin habla, su padre era alguien muy querido por todo el mundo que lo conocía y yo me incluía en esa lista. Paco (mi amigo) lo sabía y por eso me daba la noticia. Preguntas muy bajito cuando lo entierran, casi como si quisieras que no te contestaran, esperando que todo sea un mal sueño y recibes la respuesta como un buen gancho de derechas en el mentón.

Te organizas, dejas a los niños con los abuelos y sales lo más pronto que puedes para estar con la familia, una familia a la que conoces, con la que has compartido risas, experiencias, música y baloncesto, mesa en algunas ocasiones y tertulia siempre que el azar los ha puesto en tu camino. Imaginas el dolor de su mujer después de una vida junto a Manuel, que se ha ido sin avisar, sin dar tiempo a decirle hasta pronto. Sólo nos ha dejado tiempo para que no lo olvidemos, para que recordemos sus bromas, su infinito humor, sus frases llenas de ingenio.

Llegas al tanatorio, saludas sin demasiadas ganas a la gente, gente que conoces y gente que no, gente que ha apreciado a Manuel, gente que lo ha querido, sus hijos, su viuda (cómo cuesta sólo pensar en ella así)… Gente. Odio ese momento en el que llegas al tanatorio y tienes que saludar a mil personas, me pongo en la piel de los familiares y me resulta terrible. Abrazo a mi amigo, a su madre… los conocidos para mí de la familia, a sus otros hermanos prefiero no molestarlos con el pésame de un desconocido para ellos.

Y hablo con mi amigo, lo animo, lloro con él, me cuenta como ha sido todo, que ha sido tan repentino que Manuel apenas se ha enterado de nada, del miedo que tenía a la muerte, a estar solo en ese momento y a lo acompañado que estuvo. Mal trago para todos el digerir la pérdida de una persona así, entrañable con todos, generoso.

Desde hoy Burjassot cuenta con un habitante menos, se ha marchado don Manuel, seguro que sigue paseando allá donde esté, mirando balcones y patios para ir a hacer sus reformas. Lo echaremos de menos pero no lo olvidaremos, porque personas como él dejan un poso imborrable en todos los que hemos tenido la suerte de compartir algún que otro rato con ellos. Pocos parecidos y ninguno igual, un abrazo señor Crespo, yo también lo echaré de menos.

 

 

Un sueño es

1 de abril de 2017, Sala Rock City en Valencia.

Premio conseguido. Rubén se subía al escenario junto con el resto de su actual banda para telonear a una de esos míticos grupos que va celebrando un aniversario espectacular, nada menos que Leize.

Rubén es un cuarentón que lleva el rock en las venas desde que tenía uso de razón, ese que había en todos los institutos que llevaba de sobrenombre “el heavy”. Iron Maiden, Dio, Judas Priest, Deep Purple eran la banda sonora de sus últimos años de infancia y primeros de adolescencia. Y en esa adolescencia… quizás ya en sus últimos coletazos, comenzó a tocar la guitarra en un conjunto que llegó a tener cierto renombre.

Los años fueron pasando y muchos fueron bajando del tren del heavy para pasar a sonidos más suaves, cosas de la edad. Rubén dejó su guitarra a un lado y comenzó a tocar en una banda municipal el bombardino!!! Eso sí, jamás dejó el rock a un lado.

Cuando menos nos lo podíamos imaginar, noticia bomba. Volvía al rock con un conjunto llamado Garaje Incident. Comenzó un tiempo en el que su Facebook se llenaba de anuncios de próximos conciertos, de la ilusión de un proyecto nuevo. Sin embargo, poco tiempo después una nueva noticia le daba aún más notoriedad a esta vuelta a los escenarios, Rubén se unía a una nueva banda formada por excomponentes de Uzzhuaïa, Ambuka Doral y Wicked Article.

Los anuncios de conciertos, de publicación de disco, de merchandising se volvieron habituales y resultaban de lo más emocionantes. El sueño de un niño que quería ser rockstar se estaban cumpliendo.

Y como es habitual pues en mi cabeza sonaba una canción, la de “El Patito Frito” en la película Enredados.

 Mi sueño es

Y os dejo un enlace al primer single de la banda

13 Millas

Valores

Hace unos días un vídeo de una pelea en un partido de fútbol infantil en Mallorca se asomaba a toda hora a nuestras pantallas. Telediarios, prensa escrita y, sobre todo, diarios online y redes sociales se hacían eco de la noticia y valoraban lo que había sucedido. Se buscaron culpables desde todos los ámbitos y finalmente lo pagaron los de siempre, los que menos influyeron en que esa situación se viviera… expulsaron al equipo y a los jugadores de la competición.

Y yo, que he estado metido hasta las cejas en educación deportiva, baloncesto base e incluso temas arbitrales, pues me puse a pensar. Qué haría yo para solventar esa situación? Sirve de algo expulsar a ese equipo y a los jugadores? No hay más responsables ni mejores alternativas? Muchas preguntas en el aire y muchas opiniones, a cual de todas más violenta o extrema.

Evidentemente no es cuestión de quitar culpa al equipo expulsado, no era la primera vez que protagonizaban incidentes en diversos campos, así que no valía lo de cargarle el muerto a la federación correspondiente y decir que pobrecitos. Pero sí se le daba una vuelta más, los jugadores (todos ellos de muy corta edad) son víctimas de una formación más que deficiente tanto en el club como en sus casas. Muy extraño sería que si a esos niños se les hubiesen explicado las mínimas normas cívicas de una competición, las cosas discurriesen por los cauces que lo habían hecho.

Tampoco se puede culpar al club, porque bastante tienen con gestionar un presupuesto más que ajustado y un grupo de gente casi voluntaria como para ir dando lecciones de comportamiento a unos padres que deberían dedicarse a aplaudir y animar a sus hijos y enseñar algo útil a sus hijos en vez de volcar sus frustraciones en la grada.

Pues de momento esas son las dos víctimas que ha elegido la federación para dar ejemplo. Club sancionado y niños expulsados de la competición.

Voy a ponerme en modo “abuelo cebolleta” y recordar algo que implantamos en la competición escolar (que es de la edad de los niños implicados en este tema), de esto hace unos veinticinco años y a mí siempre me pareció que era algo fácilmente extensible a otros deportes y ámbitos pero que fue quedando en el olvido cuando los responsables de la idea nos fuimos apartando de la dirección del basket base.

La idea era muy sencilla, fomentar la deportividad y la rivalidad sana entre equipos, castigar comportamientos violentos tanto física como verbalmente y evitar que las gradas fueran un hervidero de bilis a vomitar sobre los rivales y sobre los árbitros. Esas simples reglas, evidentes para quien tenga un mínimo de sentido común, costaron más de un disgusto a árbitros y entrenadores inicialmente, pero en un par de temporadas estaban fijadas en todos los integrantes de la competición. El número de técnicas a jugadores y entrenadores se redujo a una cifra residual, se dejaron de escuchar improperios desde las gradas y el ambiente que se respiraba era de deportividad máxima.

Fuimos la envidia de los futboleros, un ejemplo a señalar por parte del responsable de la competición… pero ahí quedó todo. Un tiempo después de apearnos del tren las cosas volvieron a ser como eran antes y poco a poco se instauró el ambiente crispado. Cierto es que el baloncesto no es fútbol y el ambiente en las gradas es muy distinto pero cierto es también que todo se ha “futbolizado” en demasía en los últimos tiempos.

En mi memoria siempre habrá recuerdos para partidos en los que hemos salido escoltados por la Guardia Civil (el 1% o menos) pero sobre todo por abrazos con rivales, con sonrisas, con felicitaciones cuando has sido mejor y con gestos de complicidad con quien te acababa de ganar. Esto es deporte base, no hay Lebrones ni Currys, sólo niños que tienen que aprender que ganar o perder es parte de competir y que lo importante no es eso si no esforzarse al máximo.

Imborrable el momento en un partido de fútbol en el que participaba mi hijo y en una disputa de un balón chocó con otro niño (de SEIS AÑOS!!!) y lo derribó. Mi hijo se giró inmediatamente y fue a ver como estaba el otro niño entre gritos de otros padres escandalizados por haber dejado escapar la pelota. Ese día decidí que ya no habría más partidos de fútbol.

Se os ocurre alguna solución? Algo mejor que retirar a un grupo de niños del deporte que les gusta? Yo empezaría por casa, y vosotros?

Normal

Empiezo con mi serie de post “Me meto en un charco yo solo” y la empiezo con la reseña de una novela que me llamó la atención por su escritor, un tipo al que escucho a diario por la radio, Roberto López Herrero. El calvo del sumario de Más de uno, @elexpecial, el Veri según su mujer… un señor al que no tengo el placer de conocer personalmente pero que transmite una cercanía y una inteligencia que merecía la pena explorar en otro medio que no fuera el radiofónico (unas cañitas y unas tapas por ejemplo).

Con esas premisas me acerqué a su novela, Normal. El inicio es simple, cómo atrapar a un asesino al que todo el mundo cataloga como normal? Para atraparlo van apareciendo diversos policías, cada uno con su problemática personal a cuestas y con esos mimbres y las relaciones que surgen entre ellos se desarrolla la historia.

El protagonista bien podría ser el alter ego de Roberto, camisetas de súper héroes, fan de Queen, freak de los cómics… Félix es esa persona que sin destacar demasiado se hace querer y demuestra una especial habilidad para resolver enigmas ocultos.

La parte femenina, y no menos protagonista, sería para Lara Martell, una joven psicóloga que ayudará en la investigación.

El grupo de policías va desde el compañero de Félix, Manu, a un problemático Pablo con cierta facilidad para meterse en líos, un jefe gruñón muy del estilo de las series americanas, un grupo de frikis informáticos y una trepa dispuesta a vender a su madre por algo de éxito.

Enfrente alguien normal, alguien con el súper poder de pasar inadvertido haga lo que haga y frente a quien lo haga.

La novela engancha desde el primer momento, no se para en presentar a los personajes si no que los va desarrollando conforme se incorporan a la historia, una historia en la que es imposible no sumergirse cuando cada escena se plantea desde más de un punto de vista. La narración es muy directa y pese a eso se nota el trabajo de documentación para presentar el trabajo policial de forma impecable.

En fin, una novela más que recomendable ahora que vienen días de regalos y que deja con ganas de más.

Amazon Vs Papá Noel

Los que me siguen por Twitter ya leerían esta anécdota en su versión reducida pero la verdad es que da muchísimo juego.

Una niña de 4 años, una tienda llena de peluches, carteles navideños por doquier y pedidos de Amazon que han ido llegando a casa en los días previos. Con estos mimbres tenemos una historia que da para reflexionar sobre la sociedad en la que nos estamos convirtiendo.

Érase una vez una pequeña que veía el mundo a través de los ojos de eso mismo, de una pequeña. Llena de ingenuidad y a su vez de una curiosidad que nunca estaba del todo satisfecha. A su lado dos hermanos igualmente curiosos y unos padres que se esforzaban en que la ingenuidad se mantuviera un poco más y que siguiera sintiendo esos nervios previos a la Navidad que con los años se van tornando en otra cosa.

Cuando papá o mamá tenían su edad ni siquiera pensaban en Papá Noel, los Reyes eran los únicos que daban una alegría cuando llegaba la Navidad. Todo fue cambiando y apareció la figura del señor de rojo y con esa aparición fueron cambiando los hábitos de los más pequeños. Hoy en día, el señor gordo y rojo está siendo sustituido por bytes de datos y tarjetas de crédito.

Una visita a un supermercado o a un centro comercial a partir de noviembre es sinónimo de estanterías llenas de juguetes, de catálogos, de nervios por localizar el mejor juguete para pedirlo en una carta que viajará hasta el Polo Norte para que Papá Noel lo deje junto al árbol. Pero a mi hija pequeña eso le parece un proceso demasiado largo y lento para como va la vida actualmente.

  • Quiero la marioneta! Quiero la marioneta!!, gritaba la pequeña mientras subía al coche.
  • Pues se la pides a Papá Noel en la carta y seguro que te la trae.
  • Ah, tengo una idea mejor. Por qué no la pedimos en Amazon y así no hay que esperar tanto?

Y así fue como Amazon se cargó la ingenuidad, la Navidad y todo en un abrir y cerrar de ojos.

La verdad es que la ocurrencia dio para reírse un buen rato al resto pero a la pequeña le sigue picando la curiosidad de por qué narices no ha pedido nadie su marioneta a Amazon para poder jugar ya con ella.