Don Manuel

Hoy he recibido una llamada muy temprano. Una de esas llamadas que no esperas, un viejo amigo al que hace tiempo que no ves pero que lo llevas tan dentro que nunca se va del todo. Nada más descolgar ya sabes que hoy no te llaman para quedar a comer ni para organizar una cena de amigos. Hoy han incinerado a su padre.

Te quedas sin habla, su padre era alguien muy querido por todo el mundo que lo conocía y yo me incluía en esa lista. Paco (mi amigo) lo sabía y por eso me daba la noticia. Preguntas muy bajito cuando lo entierran, casi como si quisieras que no te contestaran, esperando que todo sea un mal sueño y recibes la respuesta como un buen gancho de derechas en el mentón.

Te organizas, dejas a los niños con los abuelos y sales lo más pronto que puedes para estar con la familia, una familia a la que conoces, con la que has compartido risas, experiencias, música y baloncesto, mesa en algunas ocasiones y tertulia siempre que el azar los ha puesto en tu camino. Imaginas el dolor de su mujer después de una vida junto a Manuel, que se ha ido sin avisar, sin dar tiempo a decirle hasta pronto. Sólo nos ha dejado tiempo para que no lo olvidemos, para que recordemos sus bromas, su infinito humor, sus frases llenas de ingenio.

Llegas al tanatorio, saludas sin demasiadas ganas a la gente, gente que conoces y gente que no, gente que ha apreciado a Manuel, gente que lo ha querido, sus hijos, su viuda (cómo cuesta sólo pensar en ella así)… Gente. Odio ese momento en el que llegas al tanatorio y tienes que saludar a mil personas, me pongo en la piel de los familiares y me resulta terrible. Abrazo a mi amigo, a su madre… los conocidos para mí de la familia, a sus otros hermanos prefiero no molestarlos con el pésame de un desconocido para ellos.

Y hablo con mi amigo, lo animo, lloro con él, me cuenta como ha sido todo, que ha sido tan repentino que Manuel apenas se ha enterado de nada, del miedo que tenía a la muerte, a estar solo en ese momento y a lo acompañado que estuvo. Mal trago para todos el digerir la pérdida de una persona así, entrañable con todos, generoso.

Desde hoy Burjassot cuenta con un habitante menos, se ha marchado don Manuel, seguro que sigue paseando allá donde esté, mirando balcones y patios para ir a hacer sus reformas. Lo echaremos de menos pero no lo olvidaremos, porque personas como él dejan un poso imborrable en todos los que hemos tenido la suerte de compartir algún que otro rato con ellos. Pocos parecidos y ninguno igual, un abrazo señor Crespo, yo también lo echaré de menos.

 

 

Un sueño es

1 de abril de 2017, Sala Rock City en Valencia.

Premio conseguido. Rubén se subía al escenario junto con el resto de su actual banda para telonear a una de esos míticos grupos que va celebrando un aniversario espectacular, nada menos que Leize.

Rubén es un cuarentón que lleva el rock en las venas desde que tenía uso de razón, ese que había en todos los institutos que llevaba de sobrenombre “el heavy”. Iron Maiden, Dio, Judas Priest, Deep Purple eran la banda sonora de sus últimos años de infancia y primeros de adolescencia. Y en esa adolescencia… quizás ya en sus últimos coletazos, comenzó a tocar la guitarra en un conjunto que llegó a tener cierto renombre.

Los años fueron pasando y muchos fueron bajando del tren del heavy para pasar a sonidos más suaves, cosas de la edad. Rubén dejó su guitarra a un lado y comenzó a tocar en una banda municipal el bombardino!!! Eso sí, jamás dejó el rock a un lado.

Cuando menos nos lo podíamos imaginar, noticia bomba. Volvía al rock con un conjunto llamado Garaje Incident. Comenzó un tiempo en el que su Facebook se llenaba de anuncios de próximos conciertos, de la ilusión de un proyecto nuevo. Sin embargo, poco tiempo después una nueva noticia le daba aún más notoriedad a esta vuelta a los escenarios, Rubén se unía a una nueva banda formada por excomponentes de Uzzhuaïa, Ambuka Doral y Wicked Article.

Los anuncios de conciertos, de publicación de disco, de merchandising se volvieron habituales y resultaban de lo más emocionantes. El sueño de un niño que quería ser rockstar se estaban cumpliendo.

Y como es habitual pues en mi cabeza sonaba una canción, la de “El Patito Frito” en la película Enredados.

 Mi sueño es

Y os dejo un enlace al primer single de la banda

13 Millas

Valores

Hace unos días un vídeo de una pelea en un partido de fútbol infantil en Mallorca se asomaba a toda hora a nuestras pantallas. Telediarios, prensa escrita y, sobre todo, diarios online y redes sociales se hacían eco de la noticia y valoraban lo que había sucedido. Se buscaron culpables desde todos los ámbitos y finalmente lo pagaron los de siempre, los que menos influyeron en que esa situación se viviera… expulsaron al equipo y a los jugadores de la competición.

Y yo, que he estado metido hasta las cejas en educación deportiva, baloncesto base e incluso temas arbitrales, pues me puse a pensar. Qué haría yo para solventar esa situación? Sirve de algo expulsar a ese equipo y a los jugadores? No hay más responsables ni mejores alternativas? Muchas preguntas en el aire y muchas opiniones, a cual de todas más violenta o extrema.

Evidentemente no es cuestión de quitar culpa al equipo expulsado, no era la primera vez que protagonizaban incidentes en diversos campos, así que no valía lo de cargarle el muerto a la federación correspondiente y decir que pobrecitos. Pero sí se le daba una vuelta más, los jugadores (todos ellos de muy corta edad) son víctimas de una formación más que deficiente tanto en el club como en sus casas. Muy extraño sería que si a esos niños se les hubiesen explicado las mínimas normas cívicas de una competición, las cosas discurriesen por los cauces que lo habían hecho.

Tampoco se puede culpar al club, porque bastante tienen con gestionar un presupuesto más que ajustado y un grupo de gente casi voluntaria como para ir dando lecciones de comportamiento a unos padres que deberían dedicarse a aplaudir y animar a sus hijos y enseñar algo útil a sus hijos en vez de volcar sus frustraciones en la grada.

Pues de momento esas son las dos víctimas que ha elegido la federación para dar ejemplo. Club sancionado y niños expulsados de la competición.

Voy a ponerme en modo “abuelo cebolleta” y recordar algo que implantamos en la competición escolar (que es de la edad de los niños implicados en este tema), de esto hace unos veinticinco años y a mí siempre me pareció que era algo fácilmente extensible a otros deportes y ámbitos pero que fue quedando en el olvido cuando los responsables de la idea nos fuimos apartando de la dirección del basket base.

La idea era muy sencilla, fomentar la deportividad y la rivalidad sana entre equipos, castigar comportamientos violentos tanto física como verbalmente y evitar que las gradas fueran un hervidero de bilis a vomitar sobre los rivales y sobre los árbitros. Esas simples reglas, evidentes para quien tenga un mínimo de sentido común, costaron más de un disgusto a árbitros y entrenadores inicialmente, pero en un par de temporadas estaban fijadas en todos los integrantes de la competición. El número de técnicas a jugadores y entrenadores se redujo a una cifra residual, se dejaron de escuchar improperios desde las gradas y el ambiente que se respiraba era de deportividad máxima.

Fuimos la envidia de los futboleros, un ejemplo a señalar por parte del responsable de la competición… pero ahí quedó todo. Un tiempo después de apearnos del tren las cosas volvieron a ser como eran antes y poco a poco se instauró el ambiente crispado. Cierto es que el baloncesto no es fútbol y el ambiente en las gradas es muy distinto pero cierto es también que todo se ha “futbolizado” en demasía en los últimos tiempos.

En mi memoria siempre habrá recuerdos para partidos en los que hemos salido escoltados por la Guardia Civil (el 1% o menos) pero sobre todo por abrazos con rivales, con sonrisas, con felicitaciones cuando has sido mejor y con gestos de complicidad con quien te acababa de ganar. Esto es deporte base, no hay Lebrones ni Currys, sólo niños que tienen que aprender que ganar o perder es parte de competir y que lo importante no es eso si no esforzarse al máximo.

Imborrable el momento en un partido de fútbol en el que participaba mi hijo y en una disputa de un balón chocó con otro niño (de SEIS AÑOS!!!) y lo derribó. Mi hijo se giró inmediatamente y fue a ver como estaba el otro niño entre gritos de otros padres escandalizados por haber dejado escapar la pelota. Ese día decidí que ya no habría más partidos de fútbol.

Se os ocurre alguna solución? Algo mejor que retirar a un grupo de niños del deporte que les gusta? Yo empezaría por casa, y vosotros?

Normal

Empiezo con mi serie de post “Me meto en un charco yo solo” y la empiezo con la reseña de una novela que me llamó la atención por su escritor, un tipo al que escucho a diario por la radio, Roberto López Herrero. El calvo del sumario de Más de uno, @elexpecial, el Veri según su mujer… un señor al que no tengo el placer de conocer personalmente pero que transmite una cercanía y una inteligencia que merecía la pena explorar en otro medio que no fuera el radiofónico (unas cañitas y unas tapas por ejemplo).

Con esas premisas me acerqué a su novela, Normal. El inicio es simple, cómo atrapar a un asesino al que todo el mundo cataloga como normal? Para atraparlo van apareciendo diversos policías, cada uno con su problemática personal a cuestas y con esos mimbres y las relaciones que surgen entre ellos se desarrolla la historia.

El protagonista bien podría ser el alter ego de Roberto, camisetas de súper héroes, fan de Queen, freak de los cómics… Félix es esa persona que sin destacar demasiado se hace querer y demuestra una especial habilidad para resolver enigmas ocultos.

La parte femenina, y no menos protagonista, sería para Lara Martell, una joven psicóloga que ayudará en la investigación.

El grupo de policías va desde el compañero de Félix, Manu, a un problemático Pablo con cierta facilidad para meterse en líos, un jefe gruñón muy del estilo de las series americanas, un grupo de frikis informáticos y una trepa dispuesta a vender a su madre por algo de éxito.

Enfrente alguien normal, alguien con el súper poder de pasar inadvertido haga lo que haga y frente a quien lo haga.

La novela engancha desde el primer momento, no se para en presentar a los personajes si no que los va desarrollando conforme se incorporan a la historia, una historia en la que es imposible no sumergirse cuando cada escena se plantea desde más de un punto de vista. La narración es muy directa y pese a eso se nota el trabajo de documentación para presentar el trabajo policial de forma impecable.

En fin, una novela más que recomendable ahora que vienen días de regalos y que deja con ganas de más.

Amazon Vs Papá Noel

Los que me siguen por Twitter ya leerían esta anécdota en su versión reducida pero la verdad es que da muchísimo juego.

Una niña de 4 años, una tienda llena de peluches, carteles navideños por doquier y pedidos de Amazon que han ido llegando a casa en los días previos. Con estos mimbres tenemos una historia que da para reflexionar sobre la sociedad en la que nos estamos convirtiendo.

Érase una vez una pequeña que veía el mundo a través de los ojos de eso mismo, de una pequeña. Llena de ingenuidad y a su vez de una curiosidad que nunca estaba del todo satisfecha. A su lado dos hermanos igualmente curiosos y unos padres que se esforzaban en que la ingenuidad se mantuviera un poco más y que siguiera sintiendo esos nervios previos a la Navidad que con los años se van tornando en otra cosa.

Cuando papá o mamá tenían su edad ni siquiera pensaban en Papá Noel, los Reyes eran los únicos que daban una alegría cuando llegaba la Navidad. Todo fue cambiando y apareció la figura del señor de rojo y con esa aparición fueron cambiando los hábitos de los más pequeños. Hoy en día, el señor gordo y rojo está siendo sustituido por bytes de datos y tarjetas de crédito.

Una visita a un supermercado o a un centro comercial a partir de noviembre es sinónimo de estanterías llenas de juguetes, de catálogos, de nervios por localizar el mejor juguete para pedirlo en una carta que viajará hasta el Polo Norte para que Papá Noel lo deje junto al árbol. Pero a mi hija pequeña eso le parece un proceso demasiado largo y lento para como va la vida actualmente.

  • Quiero la marioneta! Quiero la marioneta!!, gritaba la pequeña mientras subía al coche.
  • Pues se la pides a Papá Noel en la carta y seguro que te la trae.
  • Ah, tengo una idea mejor. Por qué no la pedimos en Amazon y así no hay que esperar tanto?

Y así fue como Amazon se cargó la ingenuidad, la Navidad y todo en un abrir y cerrar de ojos.

La verdad es que la ocurrencia dio para reírse un buen rato al resto pero a la pequeña le sigue picando la curiosidad de por qué narices no ha pedido nadie su marioneta a Amazon para poder jugar ya con ella.

Quique y Merche

Hace mucho tiempo conocí a un tipo encantador, realmente eran dos tipos encantadores, Jordi y Quique o viceversa. Eran los dos jóvenes (ya he dicho que fue hace muchos años) al frente de un bar junto a las vías del tren, un bar al que nos acercábamos a menudo mis compañeros de instituto y yo a tomar una cocacola al salir de clase, un sitio en el que tomar alguna copa después de cenar en él. El sitio estaba bien pero lo mejor eran ellos dos, la SONRISA que te recibía al entrar te hacía sentir en casa, en un sitio al que pertenecías.

Tanto es así que cuando años después comencé a nadar a horas intempestivas, iba con un par de amigos de la piscina a desayunar allí. Quique nos tenía preparados ya los desayunos habituales antes de entrar por la puerta, colacao para unos, café con leche para otros y croissants ligeramente pasados por la plancha para todos. Una rutina el ir a tragar cloro y el acabar allí. A veces participaban de nuestras conversaciones, otras no pero siempre se notaba esa sensación agradable de estar entre amigos.

Hace unos años cerraron el negocio, demasiados años estando de lunes a domingo, abriendo pronto y cerrando tarde. La hostelería tiene que acabar pasando factura y ellos decidieron traspasar su local y dedicarse a otra cosa. Jordi se pasó a la política por hobby, siempre había sido un militante y ahora tenía tiempo para poder intervenir más a fondo en las decisiones que afectaban a su pueblo. Quique montó una casa de comidas para llevar en el bajo de su casa… La cuina de Quique, menjar cassolà per emportar (La cocina de Quique, comida casera para llevar). Cómo resistirse a pasar por allí a coger unas raciones de una paella que sabía al buen rollo que sólo Quique le podía dar a algo. Cómo no charlar con Merche, su mujer y dependienta ocasional, acerca de cualquier cosa.

Y así se instauró la tradición de pasar cada sábado por allí a por la comida para casa. Fideuà, fideuà negra, arrós a banda, paella, pollo al horno… daba igual lo que pidieras porque todo estaba bueno. Siempre esa sonrisa al fondo de la cocina y ese “ei mestre!!” y al lado del mostrador Merche de un lado al otro. La cuina de Quique… aunque faltaba un “i Merche”, porque no se entendía una cosa sin otra.

Visita al Facebook para ver qué tocaba comer y llamada por teléfono para dejarlo encargado. El 9 de octubre de este año, domingo para más señas, desde la página de Facebook había un mensaje de despedida habitual; “HASTA EL JUEVES!!!” Un mensaje corto que indicaba lo que iban a hacer, su descanso de todas las semanas.

Y algo raro en mí el martes miré mi Facebook, basicamente para ver si en la página del cole de mis hijos habían publicado alguna foto de las actividades del 9 d’octubre. Baja, baja, baja… y de pronto una publicación de la página de Quique y Merche (qué raro, pensé). Comencé a leer y primero la sorpresa, después el puñetazo y finalmente las lágrimas. Quique había muerto el mismo domingo por la noche de un infarto fulminante. Flases, imágenes, recuerdos, sonrisas, bromas, Jordi, imágenes, Merche, sus hijos…. Hasta el día siguiente no conseguí contestar a ese mensaje, cada día que paso por delante de su casa se me encoge el estómago.

Quique y Merche, su cocina… Todo ha cambiado en el pueblo y como dice Ismael Serrano en una de sus canciones, todo parece más feo. Se nos ha ido un amigo a muchos, muchísimos de los que lo conocimos porque Quique siempre consiguió ser eso para todo el que se le acercó.

La cuina de Quique i Merche.
La cuina de Merche.
La cuina.
Merche.

Trying again

Ni me acuerdo de la última vez que me puse a escribir, ponerme frente al teclado y ver la pantalla en blanco me daba una pereza extrema. No era por falta de ideas, la radio, twitter, el día a día dan para escribir una novela. Quizás sea por falta de tiempo para ordenar tanta idea suelta, para dar forma a unos pensamientos que van saltando de una cosa a otra. Poco tiempo libre y usado para ponerme al día con unas cuantas series y películas que tenía pendientes, realmente varios cientos de horas entre una cosa y otra. Tampoco encuentro nada que me parezca interesante para andar contando. Otra entrada que empieza llena de excusas y buenos propósitos.

Y qué ha ido pasando entre tanto? Pues que he tenido un verano de lo más entretenido, lleno de niños y actividades infantiles, de viajes a la montaña, de excursiones río arriba y abajo, paseos entre pinos y horas y horas de piscina y playa. Un verano en el que no ha habido apartamento para estar junto a la playa pero lo hemos llenado bien. Otro recuerdo a las vacaciones, bien seguimos gastando tópicos.

Me quedan las lecturas, de las que muy lentamente voy dando cuenta. Libros de todo tipo, novela negra, ficción, aventuras, algún ensayo. Me gustaría reseñar alguno, dar mi opinión sobre lo último que he ido leyendo pero creo que ya hay gente que lo hace mucho mejor y más al día de lo que yo seré capaz de hacerlo nunca. Aun así no me resigno a no hacerlo, un poco por rendir homenaje a gente que es capaz de llenar mi vida durante un tiempo de aventuras ajenas, del dolor o pasión de algunos personajes que durante el viaje de la lectura pasan a formar parte de mi colección de amigos, otro poco por dejar plasmada mi opinión acerca de lo que va pasando por mis manos.

Me queda la música, ahora mismo revisando clásico tras clásico, redescubriendo pequeñas joyas que no conocía o que había aparcado en el olvido, descubriendo grupos nuevos gracias a mi vuelta a Radio3. La música bien merece un apartado especial en este blog y en mi vida, orejas que siempre están ávidas de más, de ritmos diferentes, de melodías imposibles. Música, música para vivir.

Y este verano ha sido el momento de ir poniendo fin a tanto almacenar series sin ser vistas. Ha caído el mito, empecé a ver Juego de Tronos y me vi envuelto en el frenesí de saber qué iba a pasar con cada uno de esos personajes, de hacerme fan de alguno de ellos para después verlo caer en alguna batalla, odiar a alguno que otro también. Daredevil me dejó con tantas ganas de la tercera temporada que fui capaz de ver Jessica Jones sólo por ver si conseguía engancharme un poco. Y bueno, el principio del otoño está siendo de Narcos, el “iueputa”, “pinche” y “plata y plomo” se están instalando en mi vida a ritmo de Pablo Emilio Escobar. Material para un post dan y mucho.

En fin, que espero no volver a escribir más entradas como ésta. No estar poniendo excusas y seguir sin escribir. Voy a coger un poco de carrerilla y a ver si consigo reengancharme con el blog y tener un mínimo de continuidad. Gracias si aún seguís por ahí.