One of theses days

Me gusta Pink Floyd, me lleva a momentos en los que mi mente estaba más despejada, más receptiva y mucho más creativa. Me gusta su base rítmica, ese bajo guiando permanentemente la canción, llevando de la mano a los teclados y la batería para dejar fluir la guitarra.

Supongo que tampoco estoy descubriendo nada nuevo. Un grupo con más años que yo tampoco puede ser presentado como algo sorprendente, más cuando ha vendido más de 300 millones de discos. Pero sin ser nuevos ni sorprendentes me siguen gustando, sigo enganchado a sus luces y su puesta en escena, a su capacidad creativa, a sus letras transgresoras, a esos juegos de voces y coros asombrosos.

Era yo un joven alocado atrapado por una guitarra cuando descubrí a una banda británica que lo cambió todo. Mis días transcurrían entre las notas y versos de Knopfler y las de de Waters y Gilmour. Pasaba horas en la cara oscura de la luna para bajar por Portobello escuchando a los sultanes del swing y quedarme frente a un muro del que salían gritos desgarradores. Todos disfrutaron en casa de mi época psicodélica a los mandos de mi Stratocaster, horas de solos, de rasgueos interminables repetidos hasta la saciedad en busca de una perfección que se resistía.

Con cada acorde de Money salto atrás hasta el siglo pasado, hasta 1994 y el último concierto en el que toqué. Another brick in the wall me posa en Xàtiva, en un pequeño escenario frente a algo más de doscientas personas. Wish you where here me eriza la piel y me coloca de nuevo tras mi vieja Fender en una noche que difícilmente podré olvidar. On the turning away me deslumbra y trae a cuatro amigos a mi lado. Comfortably numb enciende una hoguera junto a una tienda de campaña y un río y provoca el mismo escalofrío que los copos de nieve en la nuca en una noche de enero.

Y One of these days, esta me trae la frase justa para mis momentos de ira absoluta envuelta en un bajo hipnótico y con un solo de guitarra espectacular.

“One of these days, i’m going to cut you into little pieces”

Entremontonesde… Juegos

Empiezo la serie de “Entremontones” con un tema en el que he invertido casi más horas que en el basket, los videojuegos. Y como es el principio, me remontaré a los 80 y a los primeros ordenadores domésticos a los que tuve acceso, los ZX Spectrum, los Amstrad y los Commodore.

Tengo que forzar un poco la memoria pero creo que la expresión que salió de mi boca cuando jugué al One on One del Spectrum fue “brutal”. Un juego de basket en el que Larry Bird y Julius Erving eran los protagonistas.

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Visto ahora, con los juegazos que hay puede parecer que era pésimo pero yo lo he seguido rejugando y el punto de adictividad que tiene no lo tienen títulos más modernos. Esos triples de Bird contrarrestados por las penetraciones con un mate del Dr. J difícilmente se repetirán en los juegos actuales aunque en la serie 2K hay también verdaderas joyas y partidos clásicos para recordarlos.

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Y vosotros, qué preferís? El gusto de lo retro y los sprites o los polígonos y las texturas realistas de ahora? Difícil elección