Divorcio

Es complicado acabar con una relación, hay tantas cosas en las que pensar. Amigos, casa, coche… Porque en lo que menos pensamos es en la otra parte, lo importante somos nosotros incluso cuando hay niños de por medio. Triste.

Pues sí amigos, me he divorciado. El 30 de junio puse fin a una relación de más de nueve años en la que ha habido de todo, amor, complicidad, odio y hasta sexo. Perdón, pensareis que es de mi matrimonio de lo que hablo y no, nada de eso, es de mi trabajo y de mi jefe de lo que me divorcié.

Yo lo pensé todo, acepté que perdería el contacto con algunos de mis compañeros y me pareció bien, encajé mi nuevo rol de amo de casa y también me pareció bien (aunque me costó un poco acoplarme). Con lo que no conté fueron con los niños.

Y es que para mi ex-jefe parece que mi trabajo y responsabilidad allí no acabaron con mi contrato y mi última nómina. Me llama, me pregunta, me pide código por mail, me envía whatsapps para que revise algo… y claro, pienso yo que eso debe ser como que te divorcies y tengas hijos, que tienes una responsabilidad de por vida.

Y en este punto andamos, con la relación enturbiada porque yo no estoy para criar hijos ajenos si no me pasan pensión alimenticia o similar y porque mi jefe (ex-jefe) insiste en que es mi deber moral echarle una mano.

Darme pistas porque ando cavilando y no sé si mandarlo a paseo o a pasear.

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