Maldito 22

Ya se acercan las Navidades, amenazan con ello tanto tiempo que ni recuerdo cuando empezaron. Los niños acabarán el colegio y recogerán sus boletines de calificaciones entre sonrisas por las vacaciones y algunos otros esperando la bronca en casa.

De siempre he tenido la impresión que el pistoletazo de salida, el chupinazo de estas fiestas, es el sorteo de lotería del día 22. Un día que se publicita y se anuncia a bombo y platillo como un día que te puede cambiar la vida. Desde hace tres años así ha sido.

El 22 de diciembre de 2010 perdí a una pequeña que venía en camino, un sol que iluminaría junto a su hermano mi vida y la de mi mujer. Desde ese día nada ha vuelto a ser igual, todo está siempre cuesta arriba y ni siquiera la llegada de dos pequeñajas han conseguido hacer desaparecer de mi mente una extraña nube que todo lo oscurece. Parece que finalmente vuelvo a ver el sol pero la llegada de diciembre, los supermercados llenos de turrones y polvorones y el sonido de las bolitas en el bombo preparando la aparición de nuevos ricos o nuevos menos pobres ha acabado por derrotarme.

Odio el 22. Estés donde estés recordaré tu nombre.

Mi reino por un…

Jodido  Shakespeare la frase que dejó el tío escrita, a mí me ha servido para empezar este post. El viernes mi móvil decidió que ya había sufrido bastante dedazo mío y se lanzó de cabeza desde una repisa al lavabo. La verdad es que fue un cúmulo de circunstancias desastrosas que acabaron con mi “tesoroooo” buceando en un charquito de espuma de afeitar.

Andaba yo liado con mi teléfono, mandando twits, escribiendo whatsaps y leyendo mails cuando me di cuenta que era hora de afeitarse y salir rapidito de casa si quería llegar a tiempo de recoger a mi hijo al colegio. Así que me metí en el cuarto de baño y contesté el último mensaje. Hecho esto dejé el teléfono en la repisa que hay sobre el lavabo, algo que no tengo costumbre de hacer porque soy consciente que la electrónica y la humedad no se llevan muy bien… pero aún así lo hice. Todo transcurría con normalidad hasta que de pronto el móvil comenzó a vibrar sin parar. No era una llamada, era un grupo de los que tenía silenciado que se había puesto en modo vibración.

Una pasada de la cuchilla apurando la barba y de pronto oigo un crack, seguido del temido CHAFFF. El móvil al caer había dado con el grifo y había saltado la tapa trasera, así podía entrar más agua, para luego ir a bucear durante un instante. Fuera batería, secador, horas sin tocarlo, más secador y la prueba definitiva. Pulsé el botón de encendido y la pantalla brilló con el logotipo de SONY que dio paso al XPERIA degradado, la cosa iba bien. De pronto negro… Estoooo, qué pasa aquí?? Pulso de nuevo el botón de encendido y aparece la pantalla solicitando el PIN, ay que exagerado eres, siempre pensando lo peor. Toco en la pantalla y nada, no funciona nada y vuelta al negro. Vuelvo a pulsar en el botón de encendido y aparece de nuevo la pantalla del PIN con idéntico resultado…. JOD*****!!!!!!!

A ver, respira, eres técnico informático y algo de microinformática sabes. Despiece, soplado, secado, montaje, encendido y otra vez lo mismo. Bueno, parece ser que se ha estropeado la pantalla táctil, no es tan grave. Y entonces el dicho de cuando algo puede ir mal va a ir peor, se enciende un led rojo en el lateral parpadeando y esa fue la última vez que mi smartphone dio señales de vida. Desde ahí todo a ido a igual o peor.

Así que sí, mi reino por un smartphone. Poder ver Twitter sin tener que sentarme frente al portátil. Conversar con amigos cercanos o lejanos por Whatsapp… Y encima esa semana mi mujer está de viaje de trabajo y en esos momentos parece que aún se echa más de menos poder enviar fotos de los pequeños, jugando, riendo, babeando o comiendo, cosas cotidianas que se echan tanto de menos cuando no las tienes a mano.

Habrá que esperar a Papá Noel o a los Reyes Magos para ver si se estiran y consideran que me he portado tan bien como creo y cumplen mi deseo. Mientras tanto… Zapatófono is back to me.

Fade to black

Yo era uno de esos locos que el nueve de octubre de 1989 estaba pegado a la tele para ver la primera emisión de la tele autonómica. Para escuchar por primera vez un “bona vesprada” en vez de un “bona tarda” que escuchaba en TV3 y lo hice con emoción mientras una guapísima presentadora llamada Xelo Miralles lo decía con su acento de la Safor. Al fin una tele que impulsaba el uso del valenciano en Valencia, un uso residual que los años de dictadura y el escaso carácter de los valencianos se habían encargado que fuera así.

No era lo que muchos esperábamos pero encontramos un impulso a lo valenciano que nunca había habido en una tele. Vimos como nuestros hermanos crecían al lado de Fani, Diego y A la Babalà. Una joven Nuria Roca, que a veces veía por el campus de la UPV, se convertía en la cara de los informativos y luego daba el salto a la tele nacional. Son Goku nos mantenía pegados a la silla con sus kames. Ferràn Pina se dejaba la garganta con el doblete del Valencia C.F. Y la Copa del Rey del Pamesa sonaba en el idioma de mi tierra.

Muchos y grandes momentos. Y luego el gris, la manipulación se hizo tan evidente que nadie con visión crítica soportaba los informativos. Los amigos del poder ocupaban los puestos de dirección y el dinero caía en un saco sin fondo.

En esos años tuve la ocasión de impartir varios cursos de informática para el personal de la casa y tuve el placer de coincidir con algunos de esos rostros que veía por la tele, compartir tardes de clase, descansos, cafés y opiniones. Albert, un operador de cámara; Óscar, de Radio 9; Frederic, presentador de informativos y sobre todo de la gente del Centro de Formación, Amparo, Pilar y Fani. Fani la que presentaba y que había acabado haciendo tareas administrativas por divergencias con la dirección. Fani con la que hablaba de natación, de mi hijo, de la situación de la tele. Quiero pensar que algo de huella le dejé porque a mí ella me dejo y mucho. Esa sonrisa enorme, su melena morena rizada, y sus ojos que transmitían una ternura infinita.

Mi época allí acabó cuando el responsable de formación dejó de sacar una cuantiosa comisión de esos cursos. Perdí el contacto con toda esa gente hasta que Twitter me los acercó de nuevo. Eran ya los malos momentos, el ERE maldito, la agonía de casi dos años hasta este fundido a negro. Fani lo ha contado todo en un blog que destila ironía y amargura. Albert fue protagonista de la primera “Intifalla”. Óscar fue papá y se fogueó en política reivindicando todo lo reivindicable. Xelo luchó por los derechos de sus compañeros desde su puesto en el consejo de administración.

El viernes 29 de noviembre la policía puso fin a 24 años de un sueño. Los que vimos su nacimiento lloramos su cierre. Muchos argumentan que había demasiada gente pero nadie despide a quien creó el problema. Otros dicen que cobraban mucho pero quien fijó su sueldo sigue amarrado a una poltrona.

Para mí se acabó el sueño que mi hijo vea televisión en el idioma que le habla su padre, que aprenda viendo los dibujos animados o los documentales, que vibre con los partidos de los equipos de la tierra o con las partidas del “Circuit Bancaixa” de pilota.

En ese fatídico día me vino a la mente la escena de la película The Matrix en la que, traicionando a sus compañeros, Cifra los va desconectando y cuando le llega el turno a Switch dice “No, así no”. Pues eso, que nos han desconectado de un futuro en el que a los valenciano parlantes nos queda únicamente TV3 y Catalunya Ràdio como medios de difusión de un lenguaje parecido pero de una cultura que no es la nuestra.

He escrito este post en castellano por respeto a los lectores castellano parlantes y por no llenarlo de erratas que podrían quitarle fuerza al mensaje.

Como le dije a Fani el día del cierre por Twitter… Plorem perque ja no queda res a fer.