Gracias a la…

Hay una canción de Violeta Parra (aunque la popularizó Mercedes Sosa) que es un canto a la vida sin igual, un agradecimiento a todas las cosas que nos rodean y que por comunes pasamos por alto. Un repaso a todo lo bueno que tenemos todos y que todos tenemos a nuestro alcance y que muchas veces nos empeñamos en no ver.

En mi vida tengo que dar gracias a muchas cosas, a demasiadas tal vez pero es de bien nacido el ser agradecido.

A todas las que Violeta nombra, sin lugar a dudas y también a una compañera que lleva conmigo muchísimos años. Jamás hemos discutido aunque sí que hemos estado alejados algún tiempo, nunca me ha hecho daño y yo jamás se lo hice ni haré a ella. Nuestro aspecto físico no ha sido determinante para esta relación casi eterna, ella con sus curvas de infarto, con sus líneas negras remarcándolas y ese tacto áspero, su color anaranjado y su sonido al botar. Mi querida pelota de baloncesto.

Gracias a la bola, que me ha dado tanto, me ha dado alegrías y también el llanto. Con ella olvido lo bueno y lo malo y me centro sólo en tirar al aro.

Gracias a todos los que están cerca de esa bola, a todos los que han ido pasando por mi vida soy quien soy (bueno, alguna que otra cosa más también ha influido). Gracias a esa pelota naranja conocí a mi mujer y ahora compartimos tres soles que nos alegran cada minuto. Gracias a ella conocí a algunos de mis mejores amigos.

Querida señorita Spalding, gracias por existir.

Un poco de música para despedirme y gracias de nuevo.

Amistad

Amistad, bonita palabra algo devaluada en su contenido por internet y las redes sociales, ese toque que añade a la vida un punto de sal que faltaría si no estuviera presente.

Distancia, otra palabra que ha perdido parte de su sentido por obra y gracia de la red de redes, la ADSL, el 3G y la fibra óptica. Algo que nos condenaba a la ausencia de esa amistad pero que ahora no lo hace tanto o al menos lo altera.

Y una vez puestos en faena y remangados… al lío.

Últimamente noto más amistad o algo que se le parece a través de los bits de la pantalla de mi smartphone o mi portátil que a través del aire que me rodea. Mis pocos amigos están muy ocupados, al igual que yo, y no hay forma de coincidir, vivo mi amistad con ellos a través de una tarifa plana de llamadas y miles de whatsapps. Mantengo tertulias por Twitter y mi correo se ha vuelto un buzón donde intercambiar experiencias y opiniones con gente a la que no conozco pero he llegado a apreciar.

Podría cruzarme con algunos de ellos y no darme ni cuenta, tendría que mirar dos veces para darme cuenta que he visto a S con sus tacones imposibles y un libro en la mano. O a M y la luz que desprende en cada paso que da. Podría llegar a cruzarme con un Lannister y tener que girarme para comprobar que en su camiseta reza un “May the Force be with you”. Podría, y me encantaría, visitar mil ciudades de la mano de algunos de ellos, redescubrir la mía junto a F (aunque a ella sí la reconocería).

Me encanta (al menos lo hacía) quedar con Alf para ir a machacarnos al gimnasio, ir con Edu a jugar un streetball con cualquiera que se atreva a retarnos en un playground, quedar con Pepe para irnos nadar horas, montar guiones con Remi, tocar la guitarra con Jorge.

Amistad, bonita palabra. Pensaba endulzarla con una canción pero “Friends will be friends no me parece la mejor opción. He optado por una canción que me evoca realmente la amistad, mi amigo Mark no me falla nunca.