Al cantar

No es que tenga yo una voz muy bonita, si se escucha con atención puede ser tan horripilante como la de Dylan, pero no sólo de voces bonitas vive la música. La musica quiere voz pero también sentimiento, quiere voz pero que transmita, quiere voz pero que sepa acompañar a una gran melodía. Cantar es algo que siempre me ha acompañado, canto mal pero mucho.

Todos mis grupos favoritos han sufrido mis versiones y algunos el atrevimiento de grabarlas. Recuerdo el Romeo & Juliette de dIRE sTRAITS como un punto de inflexión en el que parecía que la música iba a ser algo más que un hobby. Luego la realidad me despertó de un tortazo y volví a dedicarme a pasar el rato sin más aspiraciones.

Deambulando por las letras de algunos temas siempre me han llamado la atención las que tocan el tema del amor a la música (prometo recopilación en otro post) y en uno de esos paseos me encontré con un grupo que siempre me ha gustado, Platero y tú y un temazo impresionante. Suscribo cada uno de los versos de esta canción y, aunque no me podáis ver, me marco un air guitar mientras la escucho y escribo esta entrada.

Hay alguna canción así para vosotros?

Al cantar me suelo olvidar
de todos los malos momentos;
convertir en virtud defectos.

Desterrar la vulgaridad
aunque sólo sea un momento
y sentir que no estamos muertos.

No es placer: es necesidad.
Es viento, es lluvia y es fuego
derramar todos mis secretos.

Y busqué en el fondo del mar,
en las montañas y en el cielo
la manera de hacer realidad mis sueños.

Encontré en el corazón
el mapa de los sentimientos.
Ya lo ves… no estaba tan lejos.

No es placer: es necesidad.
Es viento, es lluvia y es fuego
derramar todos mis secretos.

Esnifar los rayos del sol
y descongelar el cerebro
y sentir que no estamos muertos
y sentir que no estamos muertos.

Fuente: musica.com

221163

La historia nos regala fechas para que llenemos nuestros calendarios de señales y nuestra mente de recuerdos sobre lo que hacíamos un día determinado. Eventos que han llenado páginas de libros de historia o de periódicos, horas de emisión de radio y televisión.

Dónde estabas el 11 de septiembre de 2001? Y el 11 de marzo de 2004? Qué hacías el 25 de julio de 1992? O el 23 de febrero de 1981?

Fechas que nos ubican en un lugar y en una época, que nos retrotraen a un momento de pánico absoluto o de emoción desbordada.

Leer un libro de Stephen King te va a llevar a Maine, dalo por hecho, pero a qué momento? Dónde estabas el 31 de octubre de 1958?

El 22 de noviembre de 1963 asesinaron a JFK y lo convirtieron en un icono, en un mito del siglo XX. El que cargó con el muerto, nunca mejor dicho, fue Lee Harvey Oswald que fue asesinado poco después por un mafioso llamado Ruby. En la historia reciente de EEUU pocos hechos son tan recordados como el magnicidio de Dallas. Qué habría pasado si el presidente con la sonrisa perfecta hubiera continuado en el poder? Son ciertas las teorías de la conspiración que dicen que Oswald no fue el asesino? Basándose en eso y en un agujero en el tiempo King nos lleva de paseo por los Estados Unidos de los 60, nos sube a un Sunliner rojo y nos pasea por ciudades oscuras (Derry, Dallas), nos muestra la pobreza, la miseria, la hospitalidad, la felicidad y el amor como sólo él puede hacerlo, rodeándolo de un halo de muerte que puede sobrevenir en cualquier momento.

No es que haya leído demasiado últimamente pero este libro me ha encantado, el juego del viaje en el tiempo, de los efectos, de las paradojas está muy bien planteado y deja poco hueco a los errores que se pueden encontrar cuando hay algún agujero espacio temporal. Y la ambientación es perfecta, desde el inevitable Maine pasando por Florida y llegando a Texas. Tiene su momento de road movie con todos esos viajes en el descapotable, pasa por la ficción absoluta y se recrea en los momentos históricos.