Ulises

Si Homero viviera en la actualidad tendría fácil reescribir su Odisea. Un hombre, un teléfono, una portabilidad… Parecen pocos mimbre para atacar una obra maestra pero se les puede sacar mucho jugo.

El lunes parecía un buen día para cambiar de compañía de teléfono, una buena oferta unificada y ahorrar algunos euros. Ulises se sentía confiado en poder cambiar a una nueva compañía sin muchos problemas o al menos no con demasiados. Unos cuantos kilómetros por delante y tiempo más que suficiente para hacer las gestiones oportunas… parecía. Después de casi media hora el coche se acercaba inexorable a esa fosa de la cobertura llamada Serra de Mariola; Garafone aparece y desaparece, Orangito se va y casi no viena, Robistar se funde en una nebulosa de ruido de estática… Afortunadamente todo quedó cerrado antes que fuera imposible poder continuar la conversación.

Unas horas de trabajo, un viaje de retorno a casa tranquilo y el móvil comenzaba a sonar sin descanso. “Me confirma que ha solicitado la portabilidad?” “Seguro que no quiere continuar con nosotros?” “Le paso con un comercial para que le mejore la oferta”… Un buen rato después, un largo rato de ofertas y contraofertas, decidí que no cambiaría de compañía después del precio que me ofertaban. Con la conciencia tranquila por el deber bien hecho me acosté sin pensar en lo que me esperaba en los siguientes días.

El martes amanecía con sonido del teléfono, la compañía a la que que había solicitado el cambio se interesaba en el motivo por el cual había decidido no continuar con la portabilidad. Explicaciones, ofertas y un buen rato de conversación para intentar convencerme de mi error y que aceptara una nueva oferta que mejoraba la anterior; a este paso iba a acabar cobrando por tener teléfono. Como mi motivación era puramente económica…. pues ni me lo pensé y acepté la nueva oferta. Pensaba que ya no habría más llamadas… de nuevo pensaba mal.

El miércoles fue bastante tranquilo y casi me olvidé del tema pero el miércoles se acabó y llegó un jueves tremendo. Llamadas, amenazas veladas, mala leche a raudales para acabar en el mismo sitio en el que estábamos pero añadiendo un nuevo descuento.

Horas de conversación, ofertas y contraofertas que no habría recibido si no fuera por mi decisión de cambiar de compañía y unos cuantos kilos de paciencia para aguantar. Lo de Ulises fue un paseo en barca.

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