Días de radio (mi vida en las ondas)

El señor Marconi tiene que ser un cadáver feliz, los inventos de sus coetáneos van cayendo pero el suyo sigue tan vigente como siempre. He de confesar que siempre he escuchado mucho la radio. Emisoras musicales llenas de notas que han ido forjando, y formando, mi personalidad; emisoras divulgativas, programas más o menos comprometidos y más o menos entretenidos han llenado muchas horas de vigilia y otras muchas de trabajo.

Hace muy poco celebraron el 25 aniversario de Onda Cero, una emisora que escuchaba con asiduidad pero sin ser un feligrés y que, desde que mi vida transcurre en un coche por las carreteras de España, se ha convertido en una compañera inseparable. Presentaban la programación de la nueva temporada de la cadena en el programa matinal y allí se reunieron todos, o la mayoría, de los presentadores. Alsina y Lucas, Elena Gijón, Salas, Julia Otero… comentaban las novedades y las cosas que continuaban en esta nueva temporada y Lucas pedía la opinión de los oyentes contando sus experiencias con la radio.

Esto es algo que me encanta, la bidireccionalidad de la radio. Tú ves un programa en la tele y difícilmente podrás participar, influir en el desarrollo del mismo. Sin embargo, estás escuchando la radio y puedes enviar un twit, un whatsapp, una llamada y provocar los comentarios de los participantes del programa, ser parte de ese grupo, integrarte con esa familia que te cuenta día a día los detalles de la actualidad y los adereza con algo de opinión o directamente con mucho humor.

Mi vida siempre ha estado llena de radio, supongo que la gente de mi generación la ha escuchado toda su vida sin ser siquiera consciente de ello. En casa sonaba la música que mi madre ponía mientras iba para arriba y para abajo, plumero para acá sartén para allá. Música, música, siempre sonando.

Cuando ya tuve yo edad para ir eligiendo emisora comencé por los Cuarenta principales, un abuelete con un pelo de lo más divertido nos ponía a los Stones mientras los presentaba con su voz ronca y un “Wow”. Joaquín Luqui me iba descubriendo a grandes músicos, porque en los Cuarenta han sonado grandes bandas y no lo de ahora.

El cambio era  inevitable conforme se iban acumulando notas en mis orejas y el salto a otras emisoras no tardó demasiado, al principio siguiendo las radio fórmulas y poco a poco buscando rincones donde sonara la música con la que más me identificaba. Radio 3 abrió una nueva puerta y allí descubrí cientos de sonidos que me llevaron desde el rock sinfónico al new age y me dejaron a las puertas del metal para trazar mi propio camino.

Poco después descubrí a un locutor que me ha acompañado hasta la actualidad, Juan Pablo Ordúñez “el Pirata”. A las doce de la noche sonaba Fox on the run y comenzaba el ritual de rock.

Y así han ido pasando los años, despertando con Gomaespuma, luego con Pablo Motos, Miguel Coll, Ponsetti, Cárdenas, el Pirata, Nuria Roca… Luego llega la hora del almuerzo y ahora la lleno con JuanRa Lucas y su equipo de Más de uno. Sesión de MP3 para no perder las buenas costumbres y a las cuatro encuentro con Julia Otero y su programa que me lleva hasta casa, casi siempre porque hay días que la jornada se alarga más y nos unimos al equipo de Juan Luis Cano, alternando con el Oldie, y luego cerramos el día con Miguel Coll.

Una jornada de trabajo eterna, llena de radio en cada momento, en cada kilómetro.

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