Donde yo jugaba

Pasé hace unos días por la primera pista de baloncesto donde jugué. Allí aprendí a tirar a canasta, a botar el balón sin que se me escapara, a pasar, a rebotear y a ser persona. Una pista curiosa sin duda, en la explanada por la que se accede a una iglesia.

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Al pasar el otro día vi como habían desaparecido las canastas. Al momento una sensación de nostalgia me cayó encima y me puse a recordar los saltos a la calle cuando la pelota salía (las rejas no estaban), los partidos que se formaban a cualquier hora del fin de semana, las salidas de novios en las que les caía un balón naranja en vez de un puñado de arroz… a Miguel y su eterna sonrisa cada vez que te clavaba un triple con los ojos tapados.

Era una pista pequeña, insignificante pero tenía un valor histórico y sentimental para toda la gente que ha jugado a baloncesto en este pueblo inmensa. Y no está. Quedan las marcas de las canastas en el suelo, como cicatrices que recuerdan que años antes, allí se formaron muchos jugadores que disfrutaron de un deporte tan intensamente que por mucho tiempo que pase no lo consiguen olvidar.

Ahora el suelo está pintado por los niños del colegio vecino, que lo utilizan como patio, ya no quedan los restos de piel que nos dejábamos cuando caíamos a un suelo de asfalto, las gotas de sangre que más de uno derramó en las zonas lucen entre árboles y samboris.

Caminando de vuelta a casa recordé el monólogo de Roy Batty en Blade Runner… Y la canción de Los piratas.

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo… como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

 Aún no es tiempo de morir pero ver como sí que lo hacen sitios que te transportan a tu niñez deja un regusto parecido, aunque se pase al rato.

Mala madre

Hay expresiones que chirrían sólo al pronuciarlas, mala madre es posiblemente una de ellas. Las madres no son malas (los padres tampoco, oigan) pueden cometer errores pero jamás serán malas por ello, al menos no para sus hijos. Otra cosa será lo que podamos percibir desde fuera el resto de los mortales y por supuesto también hay excepciones como en todo pero en este caso yo prefiero llamarlas malas personas.

Mis hijas van al cole al que fue su hermano, que coincidentemente es al que yo fui en B.U.P. y C.O.U y en el que comencé a jugar a balonmano y posteriormente a baloncesto. Es un cole concertado, sin lujos, sin estridencias y con un ambiente bastante agradable. Lo habitual es que el buen rollo presida los encuentros a la puerta del colegio y que, en general, no haya discusiones ni bloques demasiado acentuados. Al menos eso era así, aunque visto lo visto este año me estoy empezando a cuestionar que lo sea ahora mismo.

Hechos: Hay dos clases de cuatro años a las que asisten unos cuarenta niños, entre esos cuarenta niños hay de todo, tranquilos, nerviosos, tímidos, parlanchines, buenos, gamberros, con mejores y peores ideas pero los cuarenta son iguales en una cosa, son niños. Esos cuarenta niños tienen cuarenta padres y cuarenta madres y hay una de ellas que se ha erigido en la lideresa de un rebaño que no lo es pero lo parece.

Entre esos cuarenta niños hay uno que no es español y que además llegó a España el curso pasado, ese niño es “el raro” del curso. No habla bien el español (yo lo he oído y ya me gustaría a mí hablar el ruso con el mismo nivel) y pese a ello no tiene ningún problema de adaptación.

Como es habitual existe un grupo de whatsapp para que los padres puedan comunicarse, qué difícil que tuvo que ser nuestra infancia para nosotros y para nuestros padres. La lideresa se encarga de organizar (manifassar que decimos aquí) cumpleaños y fiestas de guardar y marca en rojo las “ofensas” y los “ofensores” que declinan alguna de sus invitaciones a fiestas propias o ajenas.

La mamá de “el raro” tuvo el valor de hacerlo por motivos varios que no vienen al caso y desde entonces su hijo se ha ido viendo apartado de los juegos en el patio y de las fiestas de sus compañeros, gracias a la intervención de la lideresa y al borreguismo del resto de padres.

Opinión: Hace falta ser mala persona para inculcar a tu hijo o hija el rencor y el odio a los demás, hace falta ser aún peor para hacerlo sin tener un mínimo de empatía y poner a tu pequeño en el lugar de ese al que vas a amargar pero es que hace falta tal cantidad de maldad para condenar a un niño de CUATRO AÑOS a no poder jugar en el patio con la mayoría de sus compañeros de clase. Lo más triste de todo es que esa mamá está encantada con ella y seguro que le parece lo más normal el actuar de ese modo tan rastrero.

Afortunadamente aún hay motivos para confiar en el ser humano y este hecho está quedando olvidado y el niño juega con normalidad con el resto de niños del colegio y cada vez con más compañeros de curso, algo que es muy necesario porque si todos siguen en el ritmo de estudios hasta el final, les quedan catorce largos años de convivencia.madre-estupida-fono-05

Esta madre es tonta, no mala 😉

Fallos

Vaya por delante que este post ha estado en modo borrador durante mucho tiempo en mi libreta pero que lo que en él expreso lo pensé y dije desde el primer momento. También hay que ser sincero y reconocer que hay algo de análisis posterior.

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El baloncesto es una ciencia compleja, variable, inexacta. Intervienen tantos factores externos que resulta casi imposible descifrar sin fijar ciertas variables a un valor constante. En un enfrentamiento de alto nivel las variables se multiplican.

Es fácil hablar a toro pasado, tomar decisiones desde el sofá, dar teorías que no se podrán comprobar pero en mi caso siempre he sido de la misma opinión y mi teoría (y de muchos otros que saben de esto mucho más que yo) se aplica con efectividad en muchos encuentros.

Pongámonos en situación. Barcelona contra Valencia Basket o lo que es lo mismo, duelo entre los dos primeros clasificados de la liga Endesa. La superplantilla de Xavi Pascual contra el bloque de Pedro Martínez, dos conceptos de baloncesto muy distintos pero igualmente efectivos.

El partido transcurre con normalidad y con un marcador muy ajustado hasta que, a falta de pocos segundos y con ventaja de tres puntos para Valencia Basket (VCB), recibe el balón el base del Barcelona (FCB), Tomas Satoransky. Bote tras bote y gracias a un dribling portentoso, se planta al lado de la línea de triple y anota a falta de cuatro décimas de segundo. Emoción absoluta y el partido a la prórroga. Primer fallo.

El partido se reanuda en la prórroga y continúa con la tónica de igualdad que había presidido los cuarenta minutos anteriores. De pronto una pequeña ventaja para VCB parece que va a ser definitiva hasta que Justin Doellman neutraliza con un triple sobre el que además se señala falta que permite lanzar un tiro libre adicional. Los árbitros revisan la jugada y dan la canasta de dos, con lo que el tiro libre (si se anotara) dejaría al FCB con un punto de desventaja y menos de cuatro segundos por disputarse. Segundo fallo.

Finalmente el partido cae del lado taronja y el Barcelona firma el acta bajo protesta por el rearbitraje de esa jugada.

Hasta aquí los hechos, ahora viene mi opinión.

Fallo en la dirección de Valencia Basket al dejar que los tiradores se levanten con tan poco tiempo, permitiendo en el primer caso empatar el partido y en el segundo (si se hubiera concedido el triple) un nuevo empate. Tácticamente en el primer caso la falta a Satoransky cuando está botando el balón y quedan menos de dos segundos me parece de primero de entrenador y en el caso del triple de Doellman, lo correcto habría sido no estar ni cerca para que el árbitro no tenga opción a pitar una falta que podía haber forzado una nueva prórroga. Si cuando Satoransky se está acercando a la línea de 6,75 se le realiza una falta eso hace que el Barça tenga dos tiros libres y se quede sin opción de empatar (a no ser que tire a fallar, coja el rebote y entren un montón de variables que dejaremos como constantes). En la jugada de Doellman, o bien se le realiza una falta táctica antes de que se levante a tirar o bien se le deja tirar a sabiendas que, en caso de que anote, su equipo seguirá por debajo en el marcador, con pocos segundos en el marcador y sin la posesión del balón.

Y claro, ves esto desde casa, después de dos años de inactividad en el banquillo y es que he estado sin poder escribirlo porque me mordía las uñas y se me llevaban los demonios.

Os dejo el resumen del partido para que juzguéis por vosotros mismos.

Resumen del partido