Dicen que se ha muerto Garibaldi

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Hace ya muchísimos años un esqueleto se asomó a la ventana del laboratorio de ciencias del colegio Ramiro de Maeztu de Madrid y vio a un grupo de estudiantes botando un balón naranja y tirándolo por un aro. Era Garibaldi, un personaje que asistió desde esa ventana a la creación de uno de los clubs históricos del basket español y europeo. Garibaldi vio como esos estudiantes pasaron a ser el Estudiantes y su presencia siempre ha estado ligada al equipo. Desde la “cla” original hasta la Demencia actual, el esqueleto ha sido la imagen de la grada de Estudiantes. Una presencia que nunca fue física porque el pobre Garibaldi tenía prohibido salir del laboratorio.

Ese club amateur, que fue uno de los fundadores de la competición local, que estuvo presente desde la primera temporada en ACB, siempre tuvo claro que era un equipo de patio de colegio, algo de lo que todos sus seguidores siempre hemos estado orgullosos. Desde ese patio se han ganado Copas del Rey, se ha jugado una Final Four de Euroliga (la primera edición), se ha jugado la final de la ACB y algunas finales y semifinales europeas. Pasamos de ser un equipo simpático que ganaba a veces a los grandes a ser tratados como uno de ellos. Ganar dejó de ser de horteras para convertirse en una costumbre.

Fuimos el primer equipo de Madrid, formamos a tantos jóvenes y tan buenos que sobraba para abastecer a varios equipos y seguir manteniéndonos en la élite. Vicente Ramos, Fernando Martín, Alberto Herreros, Antúnez, Orenga, los hermanos Reyes, Carlos Jiménez, Sergio Rodríguez… Todos miembros de la selección española, algunos de ellos con medallas olímpicas y de mundiales y todos ellos salidos de una de las mejores canteras de España (con permiso del Joventut). Muchos emigraron al vecino rico, otros probaron suerte en la NBA pero fueran donde fueran siempre serían una parte de nuestros recuerdos.

Un par de americanos interesantes e implicados en el equipo y el resto lo ponía la cantera del Ramiro, esa era la receta de unos éxitos que no parecían conocer límites. Pero el sueño se rompió, los americanos dejaron de implicarse y la política de fichajes dejó paso a un mamoneo en el que lo único que interesaba era llenarse los bolsillos a base de comisiones. La cantera iba perdiendo protagonismo en el equipo con la llegada de comunitarios que, sin aportar nada especial, robaban minutos y proyección a los jóvenes. Éstos se cansaban de perder el tiempo y los partidos para irse a buscarse la vida a otros equipos.

Siempre se ha cantado en la grada lo de “¡Dicen que se ha muerto Garibaldi! ¡Uh! ¡Garibaldi! ¡Uh! ¡Garibaldi! ¡Uh, uh, uh!” pero creo que al final lo han matado. El pobre aún ha acudido este año a intentar un imposible, a ayudar a que no volviéramos a bajar como en 2012. Nos han sobrado 2 minutos. A falta de ese tiempo manteníamos la categoría, en esos 120 segundos un frenesí de mal juego y de miedo ha pasado por encima de una plantilla que tiene talento para seguir en ACB pero que no ha tenido corazón.

Y los aficionados… Pues los más viejos seguiremos sacando brillo a nuestros recuerdos de los gloriosos noventa, a recitar de memoria el cinco inicial que ganó la segunda Copa del Rey y también la tercera. A recordar tardes donde hombres de amarillo y negro desafiaban a quien se pusiera por delante. El triple de Carlitos Jiménez en el Nou Congost, Estambul, los mates de Ricky, la inteligencia de Pinone, la magia de Nacho Azofra, la metralleta de Herreros, la chispa de Sergio, la clase de Nacho Martín…

Andes donde andes, siempre seré de Estudiantes.

Panamá

Parece mentira que un país tan pequeño pueda tener tanta repercusión. Varias novelas y películas ambientadas allí dan una muestra de lo importante que puede llegar a ser estratégicamente y todas ellas tienen una ambientación de juego de espías que ha llegado hasta nuestros periódicos.

Te levantas una mañana tan tranquilo y alguien ha conseguido filtrar documentos que inculpan a medio mundo en una trama de ocultación de dinero y de fraude fiscal. Como no puede ser de otra manera, empiezan a salir nombres de personajes de la escena pública española y, como tampoco podía ser de otra manera, empiezan a salir los nombres de políticos también. Que si un alto cargo por ahí, que si un ministro por allá, un director de cine, un cantante/presentador, todos en el mismo saco. Ahora mismo no eres nadie si no estás en esa lista, más extensa que la Forbes pero con tantos millones como ella.

Sinceramente creo que están abusando de nuestra abulia, de nuestra falta de compromiso para que eso acabe. Porque, no nos engañemos, el comportamiento de nuestra élite cultural y política es el reflejo de lo que somos el conjunto de los españoles. Quien más y quien menos ha buscado algún recurso para ahorrarse unos euros de IVA en alguna reparación sin factura, o escondido algún ingreso extra de las garras de Hacienda. Y quien más, quien menos ha pensado en qué haría para pagar menos si tuviera más.

Y eso hacen todos los “panameños”, esconder parte de su enorme patrimonio para que no se lo “quite” Hacienda. Esa Hacienda que somos casi todos y que se encarga de recoger impuestos para que el sistema funcione. Esa Hacienda de la que es difícil escapar cuando eres un trabajador con un sueldo normal, mileurista, dosmileurista o algo que a final de año no sume más de seis cifras. Ese sistema del país al que tanto aman, al que hay que salvar de los antisistema que lo quiere destruir. Antisistema?? Quién es el antisistema, un votante de la CUP que paga religiosamente todos y cada uno de los impuestos, peajes, copagos y lo que digan, o un señor con una pulserita con la bandera española y cuentas en todos los paraísos fiscales?

Definitivamente creo que me voy a hacer mucho más antisitema y seguiré pagando mis impuestos aquí y votando a quien me plazca, no me pondré pulserita con bandera ninguna y los paraísos los dejaré para las vacaciones.

Tragaderas

Diga lo que diga el FMI, el BCE, el Gobierno y cualquiera que emita un juicio macroeconómico, la situación laboral en este país deja bastante que desear. Esto obliga a asumir como aceptables determinadas condiciones o imposiciones que en otro caso ni se plantearían y si se plantearan, implicarían dejar ese trabajo al momento.

No es el caso, ahora mismo cuesta soltar el puesto que se tiene porque la dificultad de obtener otro y la duda sobre si será mejor o peor que el actual nos llenan de miedo en nuestras decisiones.

Ya lo dijo el gran Maestro Yoda, el miedo lleva a la frustración, la frustración a la ira y la ira al lado oscuro. Así anda mucha gente, en ese camino desde el miedo a perder un empleo que no satisface sus expectativas profesionales y, en algunos casos, ni las económicas. Actualmente no es mi caso pero sí que lo es para mucha gente que me rodea.

Mi trabajo actual no es el trabajo con el que yo soñaba cuando estudié informática pero me permite algo muy importante, desconectar totalmente de él cuando aparco el coche al final de una jornada. Esto es algo muy importante para mí después de muchos años de llevarme trabajo a casa, de despertarme en medio de la noche con una query que soluciona algún problema en un report o escuchar las conversaciones de casa como la música de fondo que tienes mientras tecleas. Ahora todo eso ha quedado atrás.

Sin embargo, mucha gente no tiene esa suerte. Tienen uno (o más trabajos), que los estresan, los alienan y les hacen ir perdiendo el buen humor y la perspectiva de que el trabajo sólo es un medio para vivir y no el fin. Quizás todo esto sea muy fácil de decir visto desde fuera, cada uno tiene unas circunstancias personales que valora de diferente forma y para mucha gente trabajar es la forma de realizarse personalmente.

Después de diez semanas de baja aún me reafirmo más en mi forma de actuar en el trabajo, no tragar con todo, decir que no muchas más veces que aceptar viajes fuera de casa. Un compañero se marchó recientemente porque siempre estaba fuera, se quejaba amargamente a nosotros de esa situación pero jamás decía que no. Las tragaderas no son infinitas y cuanto antes mostremos los límites, mejor estaremos tanto los que mandan como los mandados.