Quique y Merche

Hace mucho tiempo conocí a un tipo encantador, realmente eran dos tipos encantadores, Jordi y Quique o viceversa. Eran los dos jóvenes (ya he dicho que fue hace muchos años) al frente de un bar junto a las vías del tren, un bar al que nos acercábamos a menudo mis compañeros de instituto y yo a tomar una cocacola al salir de clase, un sitio en el que tomar alguna copa después de cenar en él. El sitio estaba bien pero lo mejor eran ellos dos, la SONRISA que te recibía al entrar te hacía sentir en casa, en un sitio al que pertenecías.

Tanto es así que cuando años después comencé a nadar a horas intempestivas, iba con un par de amigos de la piscina a desayunar allí. Quique nos tenía preparados ya los desayunos habituales antes de entrar por la puerta, colacao para unos, café con leche para otros y croissants ligeramente pasados por la plancha para todos. Una rutina el ir a tragar cloro y el acabar allí. A veces participaban de nuestras conversaciones, otras no pero siempre se notaba esa sensación agradable de estar entre amigos.

Hace unos años cerraron el negocio, demasiados años estando de lunes a domingo, abriendo pronto y cerrando tarde. La hostelería tiene que acabar pasando factura y ellos decidieron traspasar su local y dedicarse a otra cosa. Jordi se pasó a la política por hobby, siempre había sido un militante y ahora tenía tiempo para poder intervenir más a fondo en las decisiones que afectaban a su pueblo. Quique montó una casa de comidas para llevar en el bajo de su casa… La cuina de Quique, menjar cassolà per emportar (La cocina de Quique, comida casera para llevar). Cómo resistirse a pasar por allí a coger unas raciones de una paella que sabía al buen rollo que sólo Quique le podía dar a algo. Cómo no charlar con Merche, su mujer y dependienta ocasional, acerca de cualquier cosa.

Y así se instauró la tradición de pasar cada sábado por allí a por la comida para casa. Fideuà, fideuà negra, arrós a banda, paella, pollo al horno… daba igual lo que pidieras porque todo estaba bueno. Siempre esa sonrisa al fondo de la cocina y ese “ei mestre!!” y al lado del mostrador Merche de un lado al otro. La cuina de Quique… aunque faltaba un “i Merche”, porque no se entendía una cosa sin otra.

Visita al Facebook para ver qué tocaba comer y llamada por teléfono para dejarlo encargado. El 9 de octubre de este año, domingo para más señas, desde la página de Facebook había un mensaje de despedida habitual; “HASTA EL JUEVES!!!” Un mensaje corto que indicaba lo que iban a hacer, su descanso de todas las semanas.

Y algo raro en mí el martes miré mi Facebook, basicamente para ver si en la página del cole de mis hijos habían publicado alguna foto de las actividades del 9 d’octubre. Baja, baja, baja… y de pronto una publicación de la página de Quique y Merche (qué raro, pensé). Comencé a leer y primero la sorpresa, después el puñetazo y finalmente las lágrimas. Quique había muerto el mismo domingo por la noche de un infarto fulminante. Flases, imágenes, recuerdos, sonrisas, bromas, Jordi, imágenes, Merche, sus hijos…. Hasta el día siguiente no conseguí contestar a ese mensaje, cada día que paso por delante de su casa se me encoge el estómago.

Quique y Merche, su cocina… Todo ha cambiado en el pueblo y como dice Ismael Serrano en una de sus canciones, todo parece más feo. Se nos ha ido un amigo a muchos, muchísimos de los que lo conocimos porque Quique siempre consiguió ser eso para todo el que se le acercó.

La cuina de Quique i Merche.
La cuina de Merche.
La cuina.
Merche.